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Recomendaciones Literarias

No se lo cuentes a nadie

2019-04-20-No se lo cuentes a nadie (Cristina Peri Rossi y Esmeralda Bellver)

Editorial: Demipage
Páginas: 372
Fecha publicación: Septiembre 2011

Abordar el género epistolar, divisa indiscutible de una época pasada y de medios de comunicación más rudimentarios, podría parecer a día de hoy una labor arriesgada. Los amantes de este género, sin embargo, y quienes rememoramos con añoranza el hormigueo en el ánimo ante la expectativa de recibir las letras manuscritas de algún familiar lejano, no lo pensamos dos veces cuando descubrimos la existencia de este libro.

Abrí la primera página de la obra llevada por la curiosidad de leer una correspondencia escrita expresamente para ser leída por un público general, expectante, igual que cuando corríamos al buzón y distinguíamos, en la oquedad, la irregular caligrafía sobre el triángulo reservado para la dirección del remitente, confirmación inequívoca de que habíamos recibido, por fin, la ansiada carta.

Pero no tardé en salir de dudas respecto a la autenticidad de los sentimientos plasmados por las diez autoras del presente epistolario. En las primeras páginas, encontré la correspondencia entre Cristina Peri Rossi y Diana Patricia Decker, y, a mi parecer, tal vez se trate de la intervención más atrayente del libro por el encantador estilo poético de la primera, por el desgarro expresado cuando habla sobre el amor, el dolor que en ocasiones provoca, o cuando habla sobre soledades, continuas muestras de honestidad que mueven al lector a proseguir, a quedarse con aquel que mientras escribe parece haberlo jugado todo a una carta.

Liliana Heber y Elena Bossi toman el relevo a las autoras precedentes y, a estas alturas, no tardamos en descubrir que el género epistolar, apenas difiere del diario íntimo en cuanto a franqueza en la expresión de sentimientos.

Isabel Núñez y Elena Vilallonga son las encargadas de hacer patente, debido a la altura del libro en la que nos encontramos, que la correspondencia se ha producido. durante un año y con cartas de tinta y papel.

Esmeralda Berbel, artífice de la obra, y Lidia Zimmermann sorprenden con el reproche que la primera lanza a su interlocutora debido a un asunto que afectó a ambas en un momento de sus vidas. Y digo sorprendente porque, hasta el momento, el tono general de la obra se ha mantenido cordial entre las participantes. Reconozco que al principio me pareció fuera de lugar por la ruptura que supone en la armonía del libro, pero la sensación, al final de la correspondencia entre ellas, transmite la sensación de reconciliación, de honestidad, aunque ignoro cómo debió sentarle a la cineasta, en la vida real (si es que la literatura no forma parte de la vida real), que su amiga tratara públicamente una cuestión que sólo a ellas atañía.

Clausuran esta historia hilvanada de opiniones, sentimientos e inquietudes Alejandra Costamagna y Andrea Palet. Ambas hacen gala de una frescura propia de la inmediatez y que recuerda más al correo electrónico que a la carta manuscrita.

Es un libro que me ha gustado y sorprendido de igual modo, y que se constata que epistolarios y diarios íntimos quedan estrechamente ligados, pues, aunque difiera el interlocutor, los dos géneros se escriben en la más absoluta intimidad y a pulmón abierto.

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