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Hacia Adentro

Canon para la Revista Letraheridos

He seleccionado diez libros que he ido recordando sin demasiado esfuerzo desde que decidimos, en la Revista Letraheridos, crear un canon literario y casero, y los que cite a continuación, sin embargo, no serán necesariamente mis preferidos ni los que recomendaría mañana a esta misma hora —¿los más significativos en mi vida, tal vez?—, de hecho, mientras escribo estas palabras ignoro qué obra aparecerá al final de un listado difuso que apenas existe.

1- Recuerdo mi asombro a los doce años, al comprobar que un libro me conmovía hasta el punto de nublarme la vista, debido a las lágrimas, y me impedía ver las letras con claridad.

Réquiem por un campesino español, de Ramón J. Sender.

2- Más tarde, me sedujo la prosa de un autor que escribía sobre la tierra como quien coge un montón del suelo, aprieta el puño y deja caer las piedras y arena seca por el meñique sintiendo la aspereza entre sus dedos. Podría mencionar varios libros de su obra, pero hay uno que recuerdo con especial cariño.

El camino. Miguel Delibes.

3- El otro escritor que habla de la tierra como si la comiera, igual que uno de sus personajes en una obra inolvidable que me impactó y que me llevó a leer otros libros de su autoría, nació al otro lado del charco.

Cien años de soledad, Gabriel García Márquez.

4- Me estrené en un género que me gustaba antes de llegar a él y la obra elegida tal vez sea de las primeras extranjeras que leí en mi juventud y abrió la puerta a otras autoras de la familia que recibí con los brazos, con los ojos y con los oídos, por si acaso, bien abiertos.

Cumbres borrascosas, Emily Brontë.

5- La vida me llevó por senderos menos gratos y firmé una suscripción a lecturas más sesudas y necesarias para el momento vital en el que me encontraba. La primera de ellas la firmó un autor estadounidense.

Juliano el apóstata, Gore Vidal.

6- Fue un descubrimiento encontrar paz de espíritu en la filosofía y fue así —no recuerdo cómo, igual que se instala en nosotros la lengua materna— como llegué a Nietzsche, a su obra, y escojo un título con la esperanza de ampliar la lista en un futuro.

La genealogía de la moral, Nietzsche.

7- Una vez que las preguntas filosóficas perturban, una no puede negarse a seguir indagando y, desde luego, conocer a ciertos filósofos fue como encontrar a un amigo que escucha.

El Tratado teológico político, Spinoza.

8- Siguiendo con los autores que removieron mis cimientos y convicciones personales, un día, no recuerdo cómo ni dónde, llegué hasta una escritora, filósofa para más señas, que sigo leyendo y de la que aprendo verdades universales.

El segundo sexo, de Simone de Beauvoir.

9- Recuerdo un tiempo en el que alguien te preguntaba por tu libro favorito y sentías la incomodidad y la obligación de decantarte por uno solo, más aún porque estaba convencida de que no existía tal obra; sin embargo, había un título que venía a mi mente una y otra vez y se revelaba como un secreto.

Crimen y castigo, Dostoievski.

10- Podría mencionar cualquiera de los libros de una novelista, ensayista, cuentista y diarista prolífica y que me fascina, de hecho, esta lista podría erigirse sobre varios de sus títulos; no obstante, sólo mencionaré uno de entre tantos, una obra cautivadora, que he leído en más de una ocasión, de singular belleza.

 Las olas, Virginia Woolf.

Título: Canon Letraheridos
Fecha: Abril 2021
Enlace: https://letraheridos.es/2021/05/05/revista-letraheridas-162021-abril-ano-3/

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